A 44 años del inicio del último golpe de Estado en la República Argentina, los fantasmas siguen rondando en las ideas de los nostálgicos de los años de plomo. Un expresidente, un actor, un periodista, miles de voces, llaman con enorme peligrosidad el rugido de esas bestias a las cuales el pueblo les dijo Nunca Más.

Las declaraciones del expresidente Eduardo Duhalde en televisión causaron escalofríos. El político, que condujo los destinos del país del 2002 al 2003, lanzó a boca de jarro que el próximo año “No van a haber elecciones, porque Argentina es la campeona de la dictaduras militares”. Ante la repregunta periodística, el exmandatario no tuvo reparos en decir que “Por supuesto se puede caer el sistema y por supuesto que Argentina puede tener un golpe”. Luego, durante el día siguiente, intentó explicar que su ensayo era para “alertar” a la población de qué ocurriría si no se logran los consensos.

Automáticamente, desde distintos sectores repudiaron ese análisis terrorífico y hasta el ministro de Defensa Agustín Rossi desestimó que las Fuerzas Armadas estén en tan lamentable conspiración. Más allá de confiar o repudiar a Duhalde, lo que la Argentina debe preguntarse es ¿por qué Eduardo Duhalde trae a la mesa la discusión de un posible golpe? ¿Por qué se agitan nuevamente los fantasmas de un proceso antidemocrático?

Curiosamente, no es el único que acarició la ropa verde en la última semana. También habló con cierta nostalgia el periodista Joaquín Morales Solá, sin pelos en la lengua, junto al actor Luis Brandoni en una entrevista, la noche del 17A cuando se realizó la gran manifestación opositora. Allí, el actor decía que “Nosotros no entendimos que la democracia no es épica, debería ser aburrida, lo mejor que nos puede pasar” a lo que Morales Solá remata “Eso se consiguió sí, con los militares”. Esa conversación, en la cual estaban a un milímetro de “El silencio es salud”, pasó en tv, en vivo y en directo. Más, lo aterrador es que no nos sorprenda. Fue llamativo que Brandoni, destacada figura radical y admirador de Raúl Alfonsín, el padre de la democracia, no haya marcado una distancia del periodista.

Jugar a la política con reminiscencias de la dictadura es grave. ¿O vale todo? Probablemente, la tesis macabra de Duhalde logre más adhesiones, cuanto menos de algún sector del periodismo que aprovecharán la volada para sacudir el piso. Pero no hay que perder de vista que la Argentina dijo Nunca Más en el ’83 y para siempre.