Recuerdo que, hace muchos años, el primer día de clases en casa era una verdadera revolución, un desfile de guardapolvos, mamá con la plancha y a los gritos apurándonos porque no llegábamos al acto, mi guardapolvo, el de mis hermanas y el más grande, el de mi viejo. Él se iba por delante porque tenía que estar primero y nosotros íbamos con mamá que era parte representante de la familia y estaba con el grupo de padres. Mi viejo, con su grupo de alumnos, y nosotros en la fila con las maestras correspondientes. Todos almidonados, “fíjate el martingala”, “los botones”, “los puños”, “no te vas a ensuciar que es el primer día”.

 

Allá  lejos y hace tiempo, comenzar las clases era eso, andar a las apuradas, nerviosos en la casa para estar formales como blancas palomitas para el acto; el acto que daba inicio al ciclo lectivo. Entrada de las banderas, himno nacional, palabras alusivas de la directora y a las aulas. Casi sin darnos cuenta estábamos otra vez escribiendo en una hojita del cuaderno aquello que habíamos hecho en las vacaciones, con alguna mentirita por supuesto, porque Juancito no había ido a nueva york con su familia, pero yo tampoco había viajado a mar del plata.

Recuerdo muchas cosas, pero me cuesta acordarme de cuándo fue el último año en el que las clases comenzaron como debían. Cuándo fue que empezamos con este ejercicio del tire y afloje que se transformó en una triste costumbre. ¿Alguien se acuerda? Pregunté a varios docentes si ellos lo recordaban pero tampoco logré una respuesta. También escarbé en los diarios que me llevaron hasta el año 2000 y más atrás no pude ir pues en aquellas épocas no había demasiados diarios online.

¿Es razonable el paro docente?

Es absolutamente razonable. La cifra que cobra un docente que recién se inicia es de 12.052 pesos (4 horas)  por lo general, los gobiernos al hablar ante los medios se refieren a la jornada completa, es decir 8 horas por lo que establecen que un docente cobra 24.100, esto si todos trabajaran 8 horas y sin contar el esfuerzo que cada uno pone fuera del horario de trabajo, dinero de materiales, movilidad, etc.

¿12.052 pesos de bolsillo son suficientes para vivir hoy? Creo que no.

Verdaderamente no alcanza. Quienes tenemos sueldos en el orden de los 12 mil pesos sabemos que es difícil afrontar una familia, alquiler, impuestos, canasta básica. Y alguien podría decir “de qué se quejan los maestros si yo laburo más y cobro menos, y no me quejo”

Entonces acá vienen otras preguntas:

¿Estoy seguro que yo trabajo más que un maestro?

¿Es responsabilidad de los docentes que yo no tenga un gremio que me defienda como sí tienen los docentes o los camioneros?

Por lo tanto, si los gremios piden mejorar salarios que necesitan ser mejorados no veo por qué debería oponerme. Al contrario, por ahí la lucha de ellos sirve para que algún día mejoren los salarios de los que estamos más abajo.

Sin embargo, se cuela en esta gran protesta nacional la definición de un “paro político”. ¿Es un paro político? Es decir, ¿no están reclamando porque merecen un mejor salario sino que lo hacen con el fin de obtener una ganancia política?

Las dos opciones son válidas. Es un paro por mejora salarial y también es político. No quiere decir que los maestros le intenten poner el palo en la rueda a Lifschitz o a Macri,  no. Pero creo que los dirigentes sindicales o gremiales, que se han arrimado a determinadas banderas políticas sí se van a nutrir de esta protesta. Y los docentes lo saben, lo perciben.

De paso a los gobiernos les sirve hablar de paro político en vez de reclamo justo. Entonces la cuestión se empaña y lo que en principio resulta un reclamo genuino termina enchastrándose y convirtiendo en un berenjenal algo que debería servir para aprender. Deberíamos aprender, que como en otros países del mundo, los docentes deben tener buenos sueldos y mejores condiciones de trabajo, para que los alumnos puedan ir a la escuela como corresponde.

Me dirán si pero hay maestros vagos, hay maestros malos, y claro, también hay policías vagos, y enfermeras malas, y periodistas que viven de licencia. Créanme que me han contado casos increíbles donde los maestros hasta le comían la comida a los chicos de los comedores.

Pero no me puedo quedar en esa discusión llana de que son todos unos vividores del Estado, porque no es así. Sería lo más fácil. Pero hay miles que dejan hasta lo que no tienen por nuestros hijos. Meterlos en una misma bolsa sería injusto para esos buenos docentes que apenas llegan a fin de mes.

Hay que poner un poco de cordura, de sentido común y por una bendita vez, hacer las cosas bien. Los gobiernos deben liberar esos números que ya tienen calculados desde el año pasado y no dilatar las cosas y los docentes exigirles a los delegados y dirigentes una conducción más inteligente que logre acuerdos de antemano. Porque hoy, por enésima vez las clases no empiezan, los chicos que tienen que volver no vuelven y las escuelas están en silencio.

Rubén Gómez (del programa En Línea por Radio Eme)