Los zurdos pueden llegar a sufrir mucho en la lucha con objetos de la vida cotidiana. Las tijeras, por ejemplo, están pensadas para diestros. El Día Internacional del Zurdo, que se celebra hoy 13 de agosto, tiene como objetivo concientizar sobre esas dificultades y mostrar solidaridad con los afectados, que a menudo sufren prejuicios.

El Día Internacional del Zurdo lo convocó por primera vez el estadounidense Dean Campbell en 1976.

Campbell también quería alejar las supersticiones en torno a los zurdos. En muchas culturas ser diestro es lo normal y generaciones de niños zurdos fueron obligados a utlizar “la bonita mano” derecha y adaptarse a la mayoría.

Se estima que 1 de cada 10 personas en el mundo y en Argentina usa la mano izquierda para escribir, cocinar, pintar, jugar y realizar actividades varias.

Pero las actividades cotidianas pueden resultar dificultosas en un mundo diseñado para personas que utilizan de manera normal la mano derecha. Desde 1992 todos los 13 de Agosto se celebra el Día Internacional del Zurdo con el objetivo de “concientizar sobre las dificultades que tienen los zurdos, derivadas de vivir en un mundo diseñado para diestros”, según subrayó el sitio oficial de Left-Handers Club.

En el caso de los zurdos la infancia puede ser bastante compleja. La frustración por la escasez de accesorios que concuerden con su hábito de manejo puede llegar a ser verdaderamente frustrante. Es necesario estimular al infante de pequeño para desarrollar correctamente sus destrezas. Además, se le deben enseñar las posturas adecuadas y forma correcta de escritura desde preescolar.

Pero no todo son malas noticias. Varios estudios confirman que poseen una habilidad superior debido al desarrollo superior del hemisferio derecho. Su facilidad para matemáticas, para el desarrollo del lenguaje, las artes y la creatividad son consecuencia de esta característica cerebral.

Sin embargo, otro estudio refuta esta teoría. Los investigadores de la Universidad Ruhr de Bochum, en Alemania, publicaron un artículo científico que indicó que la inclinación voluntaria hacia un lado o el otro se desarrolla en el vientre materno en la médula espinal y no, como se solía creer, en el cerebro.