El primer debate presidencial por ley se realizó con éxito en Santa Fe. Pero ese éxito es atribuible a la organización y a la participación ciudadana y de los candidatos. Faltó el éxito del debate de las ideas.

Macri y Alberto Fernández fueron la atracción obligada de la noche ante la insuficiencia del resto de los participantes. Roberto Lavagna pareció ausente, Gómez Centurión nunca terminó una frase a tiempo, Del Caño despilfarró segundos en la causa ecuatoriana y Espert se tiró contra los Derechos Humanos, los docentes y la educación gratuita, cero ganas de hacer amigos.

Entonces, los temas nos llevaban otra vez a escuchar a Mauricio Macri y, acto seguido, el cachetazo de Fernández que por sorteo quedó ubicado tras el mandatario. El resto tuvo algún que otro destello en la noche santafesina pero no hicieron mella en la contienda general.

Si bien no había “debate”, Fernández fue con ganas de guantear a lo Maidana y Macri, a esquivar y cubrir a lo Maywheater. Tal como en el box, a Maywheater siempre le rinde correr, cubrirse y pegar de vez en cuando, y es probable que eso le haya resultado a Macri. Fernández salió a buscarlo permanentemente y lo hizo entrar en su juego un par de veces pero, evidentemente, Macri no había ido a cruzar el golpe por golpe. En un marco de crisis económica, laboral, alimentaria; habiendo utilizado la pesada herencia y luego de las promesas incumplidas del debate anterior, lo mejor que le podía pasar a Macri era intentar pasar desapercibido y créame que si no levantó mucho la perdíz es porque ese era su objetivo. Total el debate no sirve para cambiar opiniones. ¿O sí?

Párrafo especial para preguntarse si es efectivo el sistema determinado para realizar el “debate” en el cual no se pueden debatir ideas y los candidatos corren contra el reloj para poder expresar sus ideas. ¿Alcanzan dos minutos o 30 segundos para explicar una propuesta de gobierno? ¿Cuál es el apuro, si se está debatiendo para el futuro del país?

Acá están las frases más “picantes” del debate.