Por el profesor universitario y ciudadano santafesino ilustre, Ricardo Mascheroni

Desde hace varios años, vengo reclamando casi en soledad, que es necesario, que en otoño-invierno la hora argentina sea atrasada, ya que está probado que la adecuación de los husos horarios a la luz solar, tiene efectos benéficos en la salud física y psíquica, el ambiente, la sociedad y la economía.

Este cambio evitaría que escolares, estudiantes y trabajadores, deban concurrir a realizar sus actividades matinales casi de noche. Por otra parte permitiría en esa época, establecer convenientemente horarios laborales corridos, por lo que casi toda la jornada laboral transcurriría con luz solar, además podría contribuir a la reducción de los riesgos de la inseguridad.

Diego Golombek, investigador del CONICET, ha dicho: “A la mañana temprano los chicos están literalmente dormidos”. “Para un adolescente es muy natural hacer todo muy tarde a la noche, pero el turno matutino empieza extremadamente temprano y los chicos están literalmente dormidos”, “Retrasando un poco el ingreso del turno mañana, mejora la asistencia de los chicos, que no lleguen tarde y que tengan mejores notas”. Según explica, “cambios (de la hora) como ese podrían producir una mejora en el sueño, la productividad, la propensión a enfermedades y hasta el estado de ánimo de los argentinos. Es que la exposición a la luz natural pareciera ser una de las claves para paliar todos esos males, y de la que depende, también, que el sueño sea más reparador y profundo. “Con la hora actual, niños y jóvenes se levantan y van a los colegios de noche. La alteración de los ritmos circadianos, producen consecuencias adversas en el sistema cardiovascular y algunos desórdenes psiquiátricos y neurológicos, asociados a alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo y mal rendimiento intelectual y físico. Y los que sufren más, son las personas mayores y los niños pequeños.

La pregunta es: ¿Qué impide la adopción de esta medida?