Argentina superó ayer la barrera del millón de casos de coronavirus (se reportaron 12.982 positivos nuevos para un total de 1.002.662 infectados desde el inicio de la pandemia) y se posicionó como el quinto país con más contagios en el mundo. El dato no sólo suma preocupación frente al cimbronazo epidemiológico que ahora golpea con fuerza en la mayoría de los grandes conglomerados urbanos, sino porque además alimenta las dudas sobre la efectividad de las acciones para contener un drama sin fin, al menos, hasta que aparezca la vacuna.

El guarismo oficial parece además ser una acotada referencia sobre cómo avanza el Covid-19, porque las estadísticas indican que el nivel de testeos aún es bajo: en promedio, se controlaron poco más de 52 mil personas por cada millón de habitantes cuando ese número asciende a 86 mil en Colombia o a 312 mil en España, dos de los territorios con niveles de contagios similares a los nuestros. Además, es desconocido el universo de los infectados asintomáticos.

Ese total de casos confirmados desde el pasado 3 de marzo, día en el que se identificó al primer paciente, solamente es superado a nivel global por Rusia, con más de 1,4 millones de contagiados; por Brasil, con más de cinco millones; por India, con más de siete millones; y por los Estados Unidos, que encabeza el ranking global con más de ocho millones.

Este es el estado de situación al cumplirse este martes exactamente siete meses de la cuarentena contra el Covid-19 que estableció el presidente Alberto Fernández y que fue adaptándose a distintas instancias que se definieron según las prioridades sanitarias y también según las necesidades de una economía que profundizó su desplome cuando transitaba ya dos años de recesión.

También parece ser un nuevo llamado de atención frente a una crisis que promete instalar mayores dificultades, a pesar de los esfuerzos para evitar el colapso de un históricamente vapuleado sistema sanitario.

Por lo pronto, el repaso de los datos oficiales señala que, del total de argentinos que transitaron la enfermedad, 26.716 fallecieron, lo que ubica a la Argentina en el puesto 12 de los países con más muertes. Son al alrededor de 580 decesos por millón de habitante, número que nos ubica apenas por debajo de Suecia (582 por millón), país que el presidente Fernández llegó a poner como ejemplo para advertir sobre los riesgos de no implementar restricciones a la circulación.

Aquella comparación hizo que Fernández protagonizara un cruce formal con las autoridades suecas. “Esta es una nueva enfermedad y pasará tiempo antes de que sepamos qué modelos funcionan mejor”, le contestaron con un comunicado de la embajada en Buenos Aires.

La gravedad de la situación actual también la exponen los relevamientos de científicos europeos, que sostienen que la Argentina lidera la nómina de países con mayor número de muertes diarias por millón de habitantes, con alrededor de ocho. Al respecto, el Ministerio de Salud precisó en la víspera que la tasa de letalidad se ubica en el 2,7 por ciento.

Además, en las últimas semanas la tensión se trasladó del AMBA a las principales ciudades del interior del país e incluso a regiones con grandes limitaciones para brindar asistencia a los pacientes de gravedad.

En la cartera sanitaria indicaron que la ocupación de las Unidades de Terapia Intensiva es del 85 por ciento en Río Negro; del 83 en Mendoza; del 80 en Santa Fe; y del 78 en Córdoba. Esas cifras corroboran que los desesperantes episodios de quienes buscan camas de internación comenzaron a ser frecuentes.

La mayor esperanza apunta ahora a contener la avanzada del coronavirus en el interior del país, pero lo que se sabe hasta ahora sobre el breve período de inmunidad que deja la enfermedad también permite temer la llegada de una prematura segunda ola.